Plan de tareas semana del 10 al 14 de enero

 Buenos días, chicos/as:

Esta semana, por motivos pandémicos, no podré estar con vosotros. Antes de que las lágrimas os caigan por la cara, os informo de que os he dejado un plan de tareas para que estéis entretenidos. Bromas aparte, estamos en el tema 1 de Literatura, lo empezamos antes de vacaciones, así que a ver si podemos avanzar un poquito, porque es un tema bastante teórico y nos lo vamos quitando de en medio... Bueno, ánimo!!! Feliz año para todos!!!! Hace un día buenísimo y dentro de nada estamos en Semana Santa. Aquí os dejo el plan para cada día. Miraré cuadernos y los corregiremos la próxima semana, que ya estaré allí:

Día 1, lunes 10:

Nos quedamos en la página 210 del libro terminando un esquema. Pues la tarea de hoy es terminar ese esquema y realizar la actividad 1, no hace falta copiar el texto ni el enunciado pero sí CONTESTAR DE MANERA COMPLETA.

Además, contesta: tema, resumen, estructura y elementos de la narración del texto. (Narrador, personajes, acción, espacio y tiempo)

Día 2, martes 11:

Leer la página 211 del libro y hacer un resumen en tu cuaderno contestando las preguntas que vienen ahí:

¿Qué es una novela?

¿Qué características tiene la novela moderna?

¿Cuál es el origen de la novela moderna?

¿Cuáles son las primeras novelas modernas?

¿En qué se diferencian las novelas de los cuentos?

Observa el siguiente vídeo y contesta:


1.- ¿Qué dos novelas se han adaptado perfectamente al cine? Explica por qué
2.- ¿Qué otra gran novela sin embargo ha dado más problemas para su adaptación? ¿Por qué?
3.- En el vídeo se dice que las novelas de acción se adaptan mejor al cine que las psicológicas, ¿qué ejemplo pone?
4.- También se habla de una novela que se pensó al revés, se escribió pensando en ser llevada al cine, ¿cuál es?
5.- ¿Qué último ejemplo pone de novela que ha funcionado muy bien en el cine?




Bueno y en esta página del libro, también viene un resumen de una de las principales novelas modernas, El Lazarillo de Tormes, observa el vídeo e intenta explicar en un resumen de 4 o 5 líneas de qué va la historia.

Día 3, miércoles 12:

Este día vais a leer la página 212 del libro de texto y vais a elaborar una tabla resumen en el cuaderno en la que se diferencien:

 RASGOS LINGÜÍSTICOS EN TEXTOS CON RITMO RÁPIDO

1

2

3

 RASGOS LINGÜÍSTICOS EN TEXTOS CON RITMO LENTO

1

2

3

4

5

6


Después realizaréis las actividades de esa página, de la 2 a 6, no hace falta copiar el texto ni el enunciado pero sí CONTESTAR DE MANERA COMPLETA.
Dudas que os pueden surgir:
1.- ¿Qué es un pretérito perfecto simple? Son verbos que indican pasado y que informan de acciones que se realizan de forma rápida en el pasado, cuando hablas de lo que hiciste ayer, normalmente usas el prétérito perfecto simple: Ayer me levanté, fui al baño y me lavé. Mi hermana sin embargo, se levantó más tarde y no nos vimos hasta las doce. Nos pusimos a jugar a las cartas hasta la hora de comer.
(Todos los verbos subrayados están en pretérito perfecto simple)

2.- ¿Qué es un verbo predicativo? Verbos predicativos son todos los que no son copulativos o atributivos. La evaluación pasada dijimos que copulativos o atributivos eran: ser, estar y parecer, pues predicativos son toooooodooooossss los demás.

3.- ¿Qué es una elipsis? Es cuando en una historia, se pasa el tiempo porque en esa parte no hay nada que contar, normalmente se ve con expresiones como: más tarde, unos días después, al cabo de una hora...

4.- ¿Qué es un pretérito imperfecto? Estos verbos ya los vimos cuando hablamos de la descripción, son verbos que están también en pasado pero hablan de acciones largas en el pasado, son todos aquellos que acaban en aba o ía. Ejemplo: Cuando era pequeña vivía en una casa enorme, allí estaban también mis primos y jugábamos siempre juntos. Todas las tardes mi madre nos preparaba la merienda y nos pasábamos el rato viendo la tele y haciendo tareas.
(Todos los verbos subrayados están en pretérito imperfecto)

Día 4, jueves 13

Hoy toca leer, vais a leer este texto y repasar lo que vimos antes de vacaciones, así que cuando terminéis vais a contestar esto: 
1. Tema, resumen, estructura y elementos de la narración del texto. (Narrador, personajes, acción, espacio y tiempo)
2. ¿Qué opinión te merece el texto? ¿Crees que puede ser una historia real o inventada? ¿Por qué? Escribe una pequeña redacción donde hables de cómo es tu relación con tus abuelos/as o con el que mantengas una relación más especial. (Mínimo 8 líneas)

Intercambio

        ¡Ahhhh! ¡Qué suerte tienes...! Conocer un nuevo país, una nueva cultura, practicar un idioma...

 

La frase la repetían con unanimidad todos los miembros de mi entorno. Todo el mundo veía

de forma positiva mi participación en el intercambio. 20 estudiantes de un pueblo que hasta hace unos años no salía ni en el mapa, pasarían un mes en Connecticut, Estados Unidos. La idea había surgido del profesor de inglés, hace años había estado como lector allí y al retomar el contacto con sus antiguos compañeros, le habían propuesto el intercambio. Traer 20 estudiantes americanos a un pueblo de 5000 habitantes typicall Spanish, adonde la masa turística todavía no había llegado, era una idea demasiado tentadora para los americanos como para dejarla pasar.

 

            Yo había accedido a regañadientes, en verdad me vi casi obligada, porque era una de las pocas en clase que tenía cuarto de invitados en casa, condición indispensable, los americanos debían tener su propio cuarto. Algunos compañeros se comprometieron a dormir durante un mes en el salón de sus casas para ceder su cuarto al estudiante de intercambio. Yo lo tenía más fácil, así que no me atreví a proponer que no iba.

 

            Además, todo el mundo estaba encantado; mi madre me compró bikinis nuevos, porque todos los americanos tienen piscina, mi padre me hizo una lista con los sitios que debía proponerles a mi familia de intercambio para visitar, mi tía Rafi me ofreció su cámara de fotos para que le trajera imágenes de los lugares adonde fuera... El único que no estaba tan entusiasmado era mi abuelo; no se atrevía a mostrar su rechazo, pero de vez en cuando soltaba frases como:

        Pues para practicar inglés, tampoco hay que irse tan lejos...

        Yo no sé qué tiene que hacer una niña de 16 años en la otra parte del mundo sin su familia...

        Pero si ella tiene tiempo de sobra de viajar adonde quiera...

No lo decía abiertamente, pero yo creo que le daba miedo. Y a mí, también. La noche antes

de mi partida entró en mi habitación, no habló mucho, como era normal en él. Solo me preguntó si estaba bien, le contesté que sí. Me abrió la mano y me metió un rollo de billetes en ella:

        Toma- me dijo-. Guarda esto en el fondo de la maleta, por si tuvieras algún problema y no pudieras volver.

        Abuelo, esto es mucho dinero.

        Si no te lo gastas, pues mejor. Lo traes de vuelta.

Y se marchó. Creo que tenía todavía más miedo que yo.

En el aeropuerto, las caras sonrientes de mis padres contrastaban con el semblante serio de mi abuelo; y también con mi cara nerviosa. Las miles de fotos que nos echaron en ese momento así lo reflejan. Cuando me volví para echar la última mirada atrás, recuerdo a mis padres divertidos, saludando y a mi abuelo serio, observando, seguía mi camino con la mirada, controlando hasta donde le era posible controlar...

                       

            No puedo negar que la estancia en Connecticut fue divertida. ¡Los americanos no estudian! Muchas fiestas, muchas excursiones, muchos partidos de rugby, muchas hamburguesas... Todo lo que esperábamos y más... A mí me tocó con Nancy, sí, era como esa muñeca con la que mi madre dice que jugaba cuando era niña, rubia, alta, fuerte y tenía todos los complementos: gafas rosa con vestido rosa, bolso azul con mono azul, sandalias naranja con falda naranja, pero todo todo todo tamaño XXL. Yo me veía como una niña a su lado y aunque era simpática también en tamaño XXL, me apuballaban tantas muestras de cariño y de alegría continuas. Lo mismo me ocurría con sus padres, enormes, simpáticos, amables, todo en nivel superlativo. Muchas veces necesité silencio, y me largaba sola a pasear, necesitaba tiempo para pensar y asimilar cómo pueden haber tantas diferencias entre un estilo de vida y otro, si básicamente hacemos lo mismo: vivimos en una casa, vamos al colegio, charlamos con los amigos, practicamos algún deporte... Pero aquí todo parecía diferente.

 

            La despedida fue muy tierna, los americanos se curraron la fiesta: globos, comida, música, juegos, fotos de la visita... No sé cuántos achuchones recibí de los padres de Nancy, su madre se emocionó hasta las lágrimas. Ciertamente era conmovedor, ver un cuerpo tan grande rendido al llanto. Salíamos muy temprano y a la despedida, en la parada del autobús solo nos acompañaron los estudiantes, Nancy me dio un abrazo tan grande, que tardé un rato en recolocarme el hombro izquierdo y se despidió con un: “See you soon, dear!” que no sé si sonaba a mensaje de ánimo o de amenaza. Y es que esa idea de cómo encajaría ella en mi familia, me martirizó desde el primer momento en que la vi. No la veía sentada a la mesa comiendo el pescado que mi madre cocina, no la veía sentada junto a nosotros viendo la tele por la noche, no la veía acompañándonos de excursión  los fines de semana. Que no, que esa americana en mi casa no pegaba nada...

 

            Y volvimos. Y todo fueron risas y abrazos y caras sonrientes. Millones de preguntas que daban lugar a otras tantas anécdotas, mi familia me escuchaba embelesada y mi abuelo sonreía todo el tiempo, con la cara de alivio que se te queda después de haber pasado un buen susto.

 

            Y vinieron ellos. Dos meses más tarde, con la vuelta a clase llegaron los americanos. Fuimos toda la familia a recibirlos al aeropuerto en plan comité de bienvenida. Ellos ya conocían a Nancy por fotos, pero creo que no se habían hecho una idea muy clara de su tamaño. La verdad es que estaba guapa, traía el pelo aún más largo, suelto, dejando ver su rubia melena, llevaba unas gafas rojas muy divertidas, con forma de estrella que acompañaban perfectamente con su amplia sonrisa. Creo que estaba feliz. Se agachó para abrazarnos a cada uno de nosotros y mi famila tomó verdaderamente conciencia de su tamaño cuando nos dimos cuenta de que todos teníamos que echar el cuello hacia atrás para poder mirarla a la cara.

 

            Mis padres se adelantaron y reían divertidos, Nancy se colocó a mi lado y comenzamos a hablar, y a su lado, noté la presencia de alguien, ese alguien se mantendría ahí durante todo el mes que duró la visita, acompañándola, mirándola, observándola, intentando adivinar lo que necesitaba en cada momento. Mi abuelo no se separó de Nancy en todo el tiempo que estuvo con nosotros.

 

            Nunca vi el unifamiliar donde vivimos tan pequeño como cuando Nancy estuvo aquí y aunque la habitación de invitados simpre había sido definida como amplia, mientras que Nancy estuvo en ella más bien parecía un trastero, no solo por su tamaño, sino también por sus maletas, cuyo contenido quedó desperdigado por el suelo desde el minuto uno. Y así se mantendría hasta que se fue. Ella recorría la casa fijándose en cada detalle, lo miraba todo con curiosidad y continuamente la oíamos repetir: “So cute, so cute!”.

 

            El momento más divertido vino a la hora del baño, cuando intentó ducharse en mi baño y su cuerpo no cabía en el plato de ducha. Me llamó divertida: “¡Maríaaaaaa!”, cuando entré en el baño el agua resbalaba por sus brazos y caía directamente al suelo, si se giraba, el arco de su espalda funcionaba como un tobogán y un chorro caía despedido a modo de cascada. Nos reímos las dos y con su eterna sonrisa me preguntó en su torpe español: “¿Tu madre va a enfadar?”. Nos reímos, pero yo le aconsejé: “¡Oh Nancy! ¡Vas a tener que ducharte con la manguera en el jardín!”, ella rompió en carcajadas y al oír el jaleo mi madre acudió. Finalmente, Nancy no tendría que ducharse en el jardín, podría usar la bañera del cuarto de mis padres.

 

            Mi abuelo no le quitaba la vista de encima, la miraba subir y bajar escaleras, cuando se cruzaban por el pasillo se dedicaban grandes sonrisas y a la hora de la comida él estuvo pendiente de rellenar su vaso de agua, de recogerle la servilleta cuando se le cayó y de animarla a probar lo que en la mesa había, sin hablar, solo con sonrisas y miradas llenas de complicidad.

 

            La prueba de fuego vino tras la cena, mi abuelo no solo le cedió su sitio habitual en el sofá, sino que trajo para él una silla del comedor y se sentó a su lado. Nancy posó su mano sobre sus piernas y él como si se tratara de la cosa más natural del mundo, entrelazó sus dedos con los suyos. Así, como dos enamorados, se mantuvieron frente al televisor hasta el momento en que nos fuimos a la cama.

 

            Al acostarme, analicé la situación y llegué a una conclusión de la que no me cabía la menor duda: mi abuelo se había enamorado de Nancy. Es más, se podía considerar como la definición literal de flechazo, un amor a primera vista en toda regla.

 

            Por la mañana la misma idea rondaba por mi cabeza y al entrar en la cocina fue lo primero que le dije a mi madre:

        El abuelo está enamorado de Nancy.

Mi madre miró a todas partes, Nancy aún no había bajado y el abuelo regaba las plantas en el jardín. Por fin contestó sin saber muy bien qué decir:

        No creo que enamorado, pero sí deslumbrado. Es tan diferente a nosotros. Debe resultarle muy curioso ver a una mujer de un tamaño tan grande. Quizá le recuerde a la abuela, ¿no te acuerdas de que era bastante más alta que él?

Es verdad. Yo no había conocido a mi abuela, el abuelo llevaba muchos años viudo, ella había muerto dos años antes de que naciera yo. Me dirigí al salón y busqué la caja de fotos antiguas. En ese momento Nancy bajaba por la escalera, en pijama, el pelo recogido en un moño alto, la luz del sol que entraba por la ventana le iluminaba la cara, estaba guapa la hija de puta. En cuanto pronunció un sonoro “Buenos días” con su acento yanqui, mi abuelo entró desde el jardín, le sonrió y la acompañó hasta la cocina.

 

Los vi sonriéndose desde la escalera y no sin sentirme furiosa, subí los escalones hacia mi cuarto. Abrí la caja, estaba llena de fotos pequeñas, en blanco y negro, eran del abuelo y la abuela, supongo que por entonces su novia. Felices y risueños, miraban a la cámara con la inocencia de la juventud, en algunas aparecían sentados, pero en las que estaban de pie me di cuenta de un detalle que antes me había pasado inadvertido. Ella era bastante más alta que él, le sacaba casi una cabeza. En las fotos de boda, que también había, parece como si el fotógrafo advertido por la peculiaridad se hubiera esforzado en ocultarlo. Solo había una foto de cuerpo entero, en ella mi abuelo aparecía de pie y mi abuela sentada a su lado. El resto de fotos eran de cintura para arriba, sentados en el coche, sentados a la mesa del banquete... Y casi lo mismo ocurría con las fotos actuales, siempre sentados, solo una dejaba ver claramente la evidencia: estaban en Sevilla, frente a la Torre del Oro, mi abuelo y mi abuela, cogidos del brazo, ya mayores, sonreían a la cámara. Debieron de pasarlo bien ese día, se les nota relajados, pero llama la atención la acusada diferencia de tamaño. Él, menudo y bajito, como es ahora, como lo sigue siendo, y ella, la muchacha delgada de las primeras fotos se había convertido en una mujer rotunda con el tiempo, alta y fuerte, daba la sensación de poseer un cuerpo bajo el que cobijarse, un refugio, junto al que nada malo podía pasar.

 

            Ahora me venían a la cabeza los refranes tan usados por mi abuelo: “Caballo grande, ande o no ande”, que pronunciaba en las más variadas ocasiones, esa obsesión por el tamaño, quizá ocultaba un complejo de su propia pequeñez.

 

            Los días transcurrieron sin especiales novedades. Nancy acudía por las mañanas conmigo al instituto y allí era una alumna normal, su extremada simpatía contagiaba a sus compañeros, participaba en todas las actividades y siempre con su eterna sonrisa. Cuando llegábamos a casa tras cerrar la puerta y pronunciar un sonoro: “¡Hooolaaa!”, llegaba mi abuelo, comentaba cualquier tontería conmigo y a continuación se dedicaba a su Nancy. Podías verlos arreglando las plantas del jardín, tomando un zumo en la cocina o simplemente sentados en el sofá, cogidos de la mano. Ella lo llamaba :”My sweet granny”, rara vez hablaban, solo compartían esa complicidad que era evidente que entre los dos existía.

 

        Tanto coñazo con estudiar idiomas y mira a Nancy y al abuelo, no les hace falta ni una palabra para entenderse.- Me quejaba delante de mi madre.

        Bueno, es evidente que la relación que hay entre ellos no es normal, María, no creo que eso le pase a mucha gente.

 

Y tenía que admitir que llevaba razón.

 

            El intercambio llegaba a su fin, los americanos habían participado en fiestas flamencas, habían disfrutado del campo andaluz, habían comido paella, habían bebido sangría y se habían sumergido en todos los topicazos que se les habían puesto por delante. Mi abuelo lo sabía y yo, que no paraba de observarlo, le notaba un cierto nerviosismo. Una tarde se acercó a mí mientras hacía los deberes, tal y como se me acercaba antes cuando se aburría y me proponía que lo acompañara en alguna cosa que se le había ocurrido para entreterse. Esta vez me dijo:

 

        Que estaba yo pensando, que esta muchacha se va a ir ya y no le hemos comprado nada para que tenga un recuerdo de nosotros.

 

            Obviamente se refería a que quería que tuviera un recuerdo suyo, pero me callé esto último y solo le dije:

 

        Exactamente, ¿en qué estás pensando?

        No sé, tú la conoces más que yo, cómprale algo bonito para que se acuerde de nosotros...

        De ti-.  Pensé. Pero me dio pena ser cruel y solo le contesté: - Pues creo que tengo lo que quieres, el otro día vimos en una tienda un colgante que le gustó mucho, dame 20 pavos y te lo traigo mañana.

 

            Extendí la mano y el abuelo, obediente, me entregó un billete de 20 euros.

 

            Al día siguiente, la última tarde que Nancy pasaba con nosotros, el abuelo nos estaba esperando en la puerta de casa. Nos dio un beso a cada una y al acercarse a mí me preguntó:

 

        ¿Me trajiste eso?

 

            Sin contestar, metí la mano en mi mochila y saqué un paquetito cuadrado, que ya empezaba a arrugarse.

 

        Ahí, ahí, ahí...

 

            Fue todo lo que obtuve por respuesta a mi gestión, ni siquiera un “gracias”.

           

            El abuelo se acercó a ella y le extendió el paquetito, Nancy lo miró con curiosidad y finalmente se decidió a abrirlo, su cara se iluminó y soltó un alegre grito:

 

        ¡Ooohhh, my sweet and lovely granny!

 

            Nancy lo abrazó con fuerza, entre su largos y fuertes brazos mi abuelo parecía un muñequito, una marioneta sin fuerzas que se dejaba gobernar por ese fenómeno de la naturaleza que lo subyugaba.

 

        ¡Oh, come here María! ¡Tú también has hecho esto!

 

            Y sin soltar a mi abuelo, también me abrazó, menos mal que alguien me agradecía mi gestión. Bajo sus brazos cabíamos los dos y compartiendo su calor estuvimos así hasta que mi madre apareció por la puerta y Nancy corrió a enseñarle el so pretty colgante.

 

            La americana se pasó toda la tarde haciendo maletas, la verdad es que por un momento pensé que no lo iba a conseguir, que todo lo que había traído era imposible que lo pudiera meter de vuelta en sus maletas. Pero lo hizo y ya por la noche, con todo recogido y sin ella dentro, su habitación volvió a tener el tamaño de siempre, increíble.

 

            Mi madre preparó una cena especial, albóndigas de choco, que le habían encantado y cuando nos sentamos ante el televisor, mi abuelo y ella estuvieron más juntos que nunca, sabedores de que era la última noche, de que ya solo hoy podían disfrutar de esa mutua correspondencia.

 

            No se dijeron nada, no se despidieron, cuando apagamos la tele, cada uno, en silencio, se fue a su habitación, como una noche más, solo los consabidos “Buenas noches, hasta mañana”, sonaron en las puertas de las habitaciones.

 

            Por la mañana, solo yo me levanté para acompañar a Nancy a su autobús, estaba nerviosa, pero también alegre, supongo que también tendría ganas la chiquilla de llegar a su casa. Cerramos la puerta de casa y al echar una última mirada atrás, vi la figura de mi abuelo mirándonos desde la ventana de su habitación, solo levantó la mano y nos dedicó un lento adiós.

 

            No sé si mi inglés mejoró mucho por el intercambio, supongo que algo sí, porque ahora cuando me guiri me pregunta “Where is the Plaza de España, please?”, ya no me quedo roja como antes e incapaz de soltar palabra, ahora puedo decir con seguridad: “Straight ahead untill the corner, and then turn on the right”.

 

            Pero sobre todo, me ayudó a entender a mi familia, ya no veo a mis padres tan catetos, ya no pienso que no se enteran de nada, sino que también luchan por adaptarse a lo que les venga, tal y como hago yo, en esta vida de locos. Y sobre todo a mi abuelo, que ha pasado de ser mi antiguo compañero de juegos a mi alma gemela. Por eso el día en que Manuel, quien había sido mi hombre ideal de toda la vida sin que él lo supiera, empezó a salir con Miriam, solo tuve fuerzas para contárselo a mi abuelo, porque sabía que era el único que me podía entender.

           

Y nada más, espero que el próximo lunes podamos volver a estar juntos, corregiremos esto, me contaréis cómo os ha ido y si tenéis alguna duda podéis escribirme a lbertam248@g.educaand.es o por moodle. Saludos y buena semana!!!

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